Hoy hace un año y un día que un grupo de guerreras malagueñas logró alcanzar la cima del balonmano nacional. Años de lucha e intentos vieron recompensa el pasado 17 de mayo de 2014, en Oviedo, una ciudad que ya queda para el recuerdo de otra, Málaga y el Balonmano Femenino Málaga Costa del Sol.

Nunca un viaje llevó consigo tanta ilusión y esperanza. Se alcanzó un sueño, se abrieron de par en par nuevas expectativas, objetivos y retos. La máxima categoría tenía nuevo inquilino y éste llegaba con ganas de dar guerra. Jugar en la más exigente categoría del balonmano nacional es un gustazo, un reto, pero también trae consigo una exigencia que no toda jugadora puede soportar. El equipo estaba demasiado acostumbrado a ganar partidos y el caminar en la DHF, por momentos, fue un tormento: derrotas continuadas, en algunos casos sonrojantes, aunque hubo encuentros donde las guerreras de Diego Carrasco enseñaron los dientes y recordaron a ratos a ese equipo que en Plata se mostraba intratable.

El rival por entonces en aquella final de la fase de ascenso fue el BM Granollers. Las catalanas ascendieron el mismo día que las nuestras y, cosas del destino, esta temporada lograron la salvación matemática también en la misma jornada, la vigésima tercera. El destino se ha mostrado caprichoso y ha querido seguir estrechando lazos con Granollers. En la tarde del sábado, el Clínicas Rincón Málaga Costa del Sol peleaba el triunfo ante las catalanas, en la víspera de lo que hace un año era un ascenso anhelado. Granollers además llegaba a Málaga después de hacer morder el polvo en hasta dos ocasiones a las de Carrasco. La primera en la final de Pumarín, ya con el ascenso logrado; y la segunda, esta misma temporada, donde en la primera vuelta, lograron vencer a las malagueñas con cierta soltura. El sábado, por tanto, tocaba reencontrarse con el recuerdo, la felicidad y por qué no decirlo, la revancha. Una revancha eso si, dulce.

Granollers y Clínicas Rincón ya saben lo que es el cielo del balonmano femenino nacional, les tocará seguir caminando entre nubes la próxima temporada; nubes que vienen cargadas de tensión, llantos, risas, piña, distanciamiento, unión, competición y un sinfín mas de adjetivos que lleva consigo el jugar en el Olimpo del balonmano español.

Hoy hace un año que un grupo de guerreras tocó el cielo, un cielo que las devolvió al suelo en la presente campaña, con altas dosis de realidad. Una realidad que dice que mantenerte en los altares no es fácil, pero sí gratificante.  Hay caminos que aunque duros, siempre merece la pena recorrer. Somos un año más, DHF.